La adolescencia es una etapa de cambios, de transición hacia la etapa adulta, una cuestión evolutiva. En algunas ocasiones, el estado emocional que se genera durante este período, contribuye a acrecentar aspectos como el de la desmotivación en la escuela.

Cuando nos encontramos ante un hijo que deja de interesarse totalmente por los estudios, nunca hace los deberes, se ingenia las mil excusas para faltar a clase o evadir exámenes, nos genera gran preocupación. Siempre deseamos lo mejor para nuestros hijos, nos preocupa su futuro. Verlos desmotivados nos desorienta y lo más probable es que se generen tensiones en el hogar.

Sin embargo, aunque los observéis en plan “yo paso”, no vayáis a creer que ellos están tan felices sin “hacer nada”. Lo más probable es que en su interior estén librando una dura batalla. Ellos saben cuales son sus obligaciones y probablemente no se encuentren satisfechos consigo mismos, ven que sus objetivos no se cumplen y eso les puede generar malestar.

Ya os he hablado en otras ocasiones que con los adolescentes nunca se llega a nada “por las malas”, con gritos, castigos, amenazas, chantajes u obligándoles a realizar las tareas a la fuerza. Lo único que probablemente consigáis siguiendo estos pasos sea entrar en un círculo vicioso, en el que os cansaréis de repetir las mismas frases y el pequeño seguirá en sus trece, bien enfurruñado, o ensimismado, pero sin avanzar. Así que lo más aconsejable es buscar alternativas, respuestas y enfoques distintos para que el adolescente reaccione.

1º Es interesante intentar descubrir qué es lo que produce ese estado de apatía. Si encontráis la causa tendréis media batalla ganada, puesto que el siguiente paso será intentar buscar soluciones en base a ella.

2º El diálogo es muy importante. Hablad con ellos, principalmente cultivad lo que se llama escucha activa, no les juzguéis. Qué ellos sientan que pueden hablar con total confianza por más inverosímiles que sean sus palabras.

3º En estas etapas, aunque necesitan adquirir cada vez más independencia y se centran en sus amigos, sin embargo, siguen necesitando mucho el sostén de los padres, nos necesitan ahí, sintiendo nuestro apoyo incondicional.

4º Es importante que los niños capten nuestra confianza en ellos. A veces nuestros gestos, nuestras palabras, les llevan a percibir una actitud negativa, por lo que debemos dejarles bien claro que confiamos y creemos en ellos, con palabras, gestos y lo que resulte necesario.

5º Si observamos que les supone una dificultad empezar las tareas, podemos ayudarles a que se organicen. Ofrecerles una agenda para que se repartan las tareas diarias. Se las pueden estructurar de forma que empiecen con dificultad media, continúen con lo más difícil (cuando el nivel de concentración es más elevado) y dejen lo más facilito para el final, que es cuando ya estarán más cansados. También deben tener cabida en la agenda momentos de ocio y descanso entre tareas, si estas se alargan mucho.

6º Hay niños, especialmente aquellos que poseen altas capacidades, que llegan a cursos avanzados de ESO o bachillerato sin tener adquiridos hábitos de estudio, porque nunca los han necesitado. Debemos permanecer atentos a este tema. ¿Saben confeccionar correctamente un esquema, un resumen, un mapa conceptual? Si vemos que en este sentido tienen dificultades, no dudemos en ponernos con ellos a trabajar las diferentes técnicas de estudio.

7º Utilizar estrategias para cultivar la atención. Si atienden en la clase ya tienen mucho ganado.

8º Debemos adaptar en casa un rincón de estudio para ellos con las condiciones más adecuadas para favorecer el estudio y la concentración.

9º Es importante que si observáis que vuestro hijo esta desmotivado, no tiene ganas de estudiar y baja su rendimiento, os pongáis en contacto con su tutor. Cuando existen problemas es fundamental una buena relación familia-escuela.

10º Si a pesar de intentar solucionar el problema, seguís observando que vuestro hijo está desmotivado, apático, frente a los elementos relacionados con el ámbito escolar, no dudéis en consultar a un profesional. No esperéis a hacerlo cuando la situación se vuelva insostenible y el niño esté a punto de perder el curso.

Aunque a veces tan solo se trata de etapas, todos sabemos lo importante que es que nuestros hijos avancen en los estudios correctamente, ya que de ello depende su futuro. Resulta importante estar atentos, mantener una actitud positiva y confiar en ellos y sus posibilidades, no etiquetar. La adolescencia es una etapa muy importante, que no es que tenga connotaciones negativas, sino más bien de cambios y superación.

 

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