Contar cuentos a los niños es una actividad muy gratificante para los adultos y muy beneficiosa para los pequeños. Los cuentos infantiles contribuyen al desarrollo cognitivo y constituyen un buen recurso educativo para que los niños verbalicen sus emociones.

cuentos infantiles diferentes épocas

La lectura de cuentos a los más pequeños favorece el estímulo de la imaginación y el pensamiento abstracto, se desarrolla la memoria, aumenta el vocabulario, la capacidad de expresarse, favorecen la concentración y algo muy importante conforman la base para una futura comprensión lectora.

Repetir los cuentos infantiles estimula el aprendizaje

Quien más quien menos se habrá percatado de que los niños, principalmente durante la etapa de la primera infancia, disfrutan una y otra vez de la repetición de un mismo cuento. Siempre piden la misma historia y a los adultos es algo que les llama la atención, porque desde nuestra perspectiva parece que tanta repetición de cuentos debería resultar tediosa. Sin embargo los niños lo perciben de otro modo: el hecho de contar varias veces la misma historia les aporta la seguridad de lo conocido y les conduce a anticipar las situaciones, les permite desarrollar la memoria y aumentar el vocabulario. De hecho está comprobado que aquellos niños a los que repiten cuentos aprenden más rápido: en la Universidad de Sussex, realizaron una investigación al respecto.

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La psicóloga Jessica Horst, que dirigió el estudio, partía de la base de que aquellos niños en cuyas casas había mayor número de libros obtenían mejores resultados académicos y quería comprobar porqué. Dividió a un grupo de niños de 3 años en 2 conjuntos e inventó una palabra nueva para designar un artilugio de cocina. A uno de los grupos les repitió un mismo cuento y al otro tres cuentos diferentes, el nexo común entre los dos grupos es que los cuentos mencionaban el citado vocablo. El grupo al que se había leído el mismo cuento 3 veces memorizó la palabra más fácilmente que el que había escuchado la palabra en diferentes cuentos. Como conclusión del estudio de Horst : la clave está en la repetición más que en la cantidad de cuentos.

Así que os recomiendo que no tengáis reparos en repetir el mismo cuento varias veces. De este modo les estáis facilitando el aprendizaje, ya que con la repetición se van captando más aquellos detalles que pasarían desapercibidos tras una primera lectura.

Los cuentos una buena herramienta para trabajar las emociones

Los cuentos se convierten en un buen recurso para trabajar las emociones ya que permiten extrapolar emociones del mundo real al cuento y viceversa. Gracias a los cuentos los más pequeños pueden aprender a distinguir y expresar sus propias emociones. Fomentar el diálogo a través de cuentos se convierte en un buen recurso para gestionar las emociones: a los niños se les muestra fácil identificarse con un personaje, les resulta más sencillo hablar de emociones en tercera persona explicándolas a través del personaje. Así, mediante el proceso identificativo con el personaje se puede facilitar la expresión de sus propias emociones y les proporciona elementos para ayudar a distinguirlas y reconocerlas. Asimismo, favorece la comunicación y el diálogo para encontrar soluciones a los problemas o temas que les preocupan.

Los cuentos al erigirse como un buen recurso educativo para verbalizar emociones y sentimientos constituyen una fuente inagotable de oportunidades para tratar diversos temas como miedos o dudas tan solo hace falta encontrar aquel cuento más adecuado que nos brinde la oportunidad para enseñar al niño a gestionar las propias emociones.

Y respecto a la gestión de emociones a través de los cuentos puedo decir que hace algunos días acudí a una charla ofrecida por Mª Teresa Goméz y Victoria Mir, las autoras del libro: “Niños con altas capacidades: cómo gestionar sus emociones”, que por cierto os recomiendo si tenéis niños de altas capacidades. Las autoras del libro ponen un punto muy importante en los cuentos para gestionar y reconducir emociones. Su libro esta lleno de pequeños cuentos que contribuyen al desarrollo de la inteligencia emocional de niños y a tratar elementos como el miedo, el amor, la alegria, la amistad, las relaciones familiares, los problemas escolares como el acoso o bulling.

Los cuentos y la familia nuestra experiencia personal

Mi marido y yo hemos leído cuentos a los niños en innumerables ocasiones y, como he apuntado al principio del post, para mí también ha sido una actividad altamente gratificante: el cuento antes de dormir, un entorno relajado, un narrador predispuesto, unos oyentes ávidos de historias… Para contar cuentos a los niños hay que esforzarse en la entonación, en transmitir emoción, pero al mismo tiempo permitir interrupciones, hacer preguntas, dar tiempo para recrearse en las ilustraciones, para ver más allá.

Entrar con los peques dentro de la historia y aprovechar la ocasión, si percibíis que el niño esta intranquilo por algo, para buscar un cuento adecuado en el que haya algún personaje con el que pueda sentirse identificado y sacar a la luz aquello que le esta abrumando. Dialogar, hacer preguntas, ofrecer respuestas y proporcionar los recursos para que la lectura compartida se convierta en una experiencia maravillosa.

A día de hoy ya no leemos cuentos a mis hijos, aunque mantenemos las lecturas en voz alta. El resultado no puede ser mejor: mis pequeños han crecido para convertirse en ávidos lectores que aprendieron a leer a edades muy tempranas y con una comprensión lectora inmejorable.