En la iniciativa #hayvidadespuésdelosseis de este mes hablamos de exámenes. Exámenes, un tema bastante controvertido, ante el que se nos plantean innumerables cuestiones: ¿realmente es necesario evaluar con un examen? ¿Los niños aprenden mejor gracias a ellos? Y lo que es más importante, ¿para qué se estudia? ¿para aprender o para aprobar?

Desgraciadamente, la respuesta a la última de las preguntas es que los niños, generalmente, estudian para aprobar el examen, y la consecuencia es que una vez pasado se olvidan de él. Y si no, preguntad a vuestros hijos sobre el examen o control que hicieron hace tres meses, probablemente se acuerden de bien poco, y eso es lo que en ocasiones nos hace dudar del actual sistema educativo.

Exámenes, niños

Los exámenes a veces son subjetivos en la evaluación de las competencias personales de los niños. Los alumnos tienen diferente nivel y formas de aprender, pero se les evalúa a todos bajo el mismo criterio. Hay niños cuyas respuestas no acostumbran a a ser las esperadas, por ejemplo, los altamente creativos, los que se saltan pasos en las matemáticas, o los que no son capaces de asimilar, o, por el contrario, los que lo hacen demasiado rápido y se les va el santo al cielo por aburrimiento. Todo ello nos permite plantearnos la cuestión de si mediante un examen es realmente posible calibrar las habilidades y capacidades de un alumno respecto a un tema determinado.

Aunque a favor del sistema se puede decir que crece la tendencia al trabajo por proyectos y a la evaluación continua de los alumnos, cada vez se valoran más las competencias…

Particularmente, soy muy partidaria de teorías del estilo de Roger Schank de aprender haciendo o las que ponen en el punto de mira la importancia de la emoción (y no la obligación) en el momento de aprender. Pero por otra parte entiendo que, a pesar de que nuestro sistema decimonónico va quedando obsoleto en el s. XXI, es difícil cambiarlo de un día para otro. Si a ello le sumamos que los presupuestos destinados a la educación cada vez son menos y que hay profesores que no están bien preparados (y ¡ojo!, que no son todos, que los hay geniales, pero también los hay a los que les falta vocación y cuando te los cruzas, es algo palpable).

A partir de esa premisa ya os habréis dado cuenta de que particularmente no me gustan los exámenes, ni tampoco los deberes. Sin embargo, el sistema, de momento está montado así y lo que no podemos hacer es decirle a nuestros hijos que no creemos en estas formas de evaluar y pasar del tema o no apoyarles o intentar estimularles para que avancen.

Como padres y educadores nuestra labor es orientarles y ayudarles en lo que se refiere a los exámenes. Ahí sí que, desde que empiezan a tener pruebas y controles, resulta absolutamente necesario sentar unas bases para que los pequeños aprendan a organizarse, a preparar sus exámenes, a fomentar su capacidad de concentración. Si no lo hacemos, a medida que vayan superando cursos podemos encontrarnos con un caos.

Cómo preparar los exámenes

Un niño puede tener muchas y buenas capacidades para el aprendizaje, pero si no adquiere una serie de rutinas, los exámenes pueden convertirse en un reto imposible. Para salir airosos de ellos los niños deben tener muy claro que:

– Están ahí sí o sí, por poco que nos gusten los vamos a tener que hacer igualmente, así que lo mejor es tomárselo con filosofía y enfrentarlos.

– No se deben dejar las tareas para el último día, animémosles a ser responsables.

– Debemos transmitirles la importancia o el valor de aprender por placer y no a hacerlo para superar otra prueba.

– Es necesario seguir pautas para aprender a organizarse:

Realización de esquemas

Resúmenes

Mapas mentales…

– Resulta útil acostumbrarse a preparar listas de tareas con horarios.

– Cada uno estudia a su manera, y hay que buscar el método que permita aprovechar al máximo el potencial de cada uno. Hay niños que aprenden mejor leyendo, otros escuchando. Animémosles a conocerse a sí mismos y a saber cuál es la forma de estudio que se adecua más a su personalidad. Como anécdota deciros que he llegado a grabar la lección en el móvil para una de mis hijas… Si apoyar los codos cuesta, se pueden buscar alternativas: museos, concursos de matemáticas…

– Un elemento básico para estudiar es la concentración. Hay niños a los que les cuesta concentrarse; si es ese el caso, puede servir trabajar esta capacidad practicando meditación o mindfulness, por ejemplo.

– En casa, el lugar de estudio tiene que ser adecuado, un rincón con una mesa, a poder ser con luz natural.

– Y evitar las distracciones. Si hay que estudiar, el móvil apagado, nada de Whatsapp ni dispositivos varios, que lo único que consiguen es mover nuestra atención de un punto a otro, perdiendo la capacidad de concentración.

Estos elementos son los que más o menos aplicamos en casa para que todo vaya sobre ruedas en materia de exámenes. Debo confesar que la teoría es muy fácil, en la práctica cuesta un poco, sobre todo en aquellas épocas en que falta motivación, o durante la adolescencia, en la que se tienen otras prioridades. Pero los exámenes están ahí y por lo que parece servirán de medidor durante mucho tiempo y hay que superarlos.