Hace unos días inicié la lectura del libro La magia del orden. Debo confesar que me llamaba mucho la atención, y cuando cayó en mis manos lo leí de un tirón, ya que es sencillo y ameno.

Es un libro bastante exitoso, cuya lectura puede gustar o no, pero si algo está claro es que no deja indiferente.

A todo el mundo le gusta tener su casa en orden, y cuando hay niños, sobre todo si son pequeños, esto se suele convertir en una ardua tarea. Por eso me aferré a la lectura de La magia del orden, por el hecho de que Marie Kondo se ha convertido en una especie de gurú de la organización del hogar. Lo leí con la esperanza de que mi casa se convirtiera en digna de Pinterest. Luego me di cuenta de que eso podía ser además un paso a una nueva concepción de la vida.

Ficha técnica de La magia del ordenLa magia del orden, reseña

Título: La magia del orden

Autor: Marie Kondo

Sello: Aguilar

Temática: Estilo de vida, autoayuda

Edad: Adultos

Sinopsis de La magia del orden

A lo largo del libro la autora nos enseña el método Konmari, en realidad es un curso de organización y orden. La autora explica, a través de su experiencia personal y la de sus clientes, cómo ha conseguido desarrollar el método Kondo o Konmari. Al mismo tiempo ofrece las premisas al lector para que, cada uno individualmente, pueda aplicarlo a su hogar.

Para la autora se establece una especie de relación espiritual con los objetos que nos rodean, que parecen cobrar vida y desempeñar, como regidos por el destino, una función determinada en un momento determinado.

El libro se divide básicamente en dos partes bien diferenciadas: la primera se centra en la importancia de desechar y quedarnos con aquello que realmente “nos produce felicidad”, y la segunda algunos tips y consejos para organizar las diferentes partes de la casa.

Para Marie Kondo la clave no está en almacenar, sino en desechar. Las cosas justas y necesarias.

A lo largo de La magia del orden se establece una estrecha relación entre el orden físico y el orden mental.

Opinión personal sobre el método Konmari

Tras su lectura, La magia del orden me ha dejado una sensación como agridulce. He encontrado premisas con las que estoy totalmente de acuerdo, consejos e ideas que probablemente aplicaré, otras que en el caso de mi casa me parecen utopías y algunos elementos que realmente me han dejado totalmente anonadada por lo alejados de mi propia visión.

Coincido con Marie Kondo, entre otras cosas, con la idea de “Una habitación caótica es el reflejo de una mente caótica“. Esa frase me va como anillo al dedo, y es que personalmente la concentro en los armarios, y es que siempre digo que cuando mi vida está desordenada, mis armarios están desordenados.

Sin embargo, Marie Kondo va mucho más allá, y nos invita a mantener el orden, ya que si nuestro espacio se mantiene ordenado, dejaremos espacio a nuestra mente para menesteres más importantes. Como podéis apreciar, el libro La magia del orden es un continuo juego entre lo material y lo espiritual y la relación que se establece entre ambos elementos. Ese tipo de ideas me han encantado.

Asimismo, la importancia de doblar bien la ropa, la forma de organizar en vertical, y elementos de este estilo, me han gustado bastante, y probablemente serán de aquellas cosas que llevaré a la práctica, seguramente con buen resultado.

En una casa con niños es difícil seguir al pie de la letra los consejos de La magia del orden. Y quien dice con niños, dice con otras personas que mantengan una visión diferente a la nuestra.

En las habitaciones de mis hijos hay muchas cosas que a mí no me hacen feliz, pero a mis hijos sí. ¡Qué le voy a hacer si me han salido coleccionistas! Los estantes repletos de figuras, cromos, libros y cachivaches varios. Y es que cuando le digo a mi hijo: -Vamos a ordenar la habitación, porque hay muchas cosas, él me contesta: -Pero si está todo ordenado. Y no lo puedo negar, él pasa mucho tiempo alineando los objetos, uno al lado del otro, calculando las distancias, clasificando,… realmente la habitación da sensación de caos, pero de momento va a quedar así, al menos unos cuantos años, con sus pequeños tesoros a la vista. Y aunque el libro también toca el tema de la convivencia, lo sigo viendo en este sentido complicado de aplicar.

Y si con niños aplicar el método me parece un tanto complicado, me ha causado verdadero dolor el que se nos anime a tirar la caja de fotografías de los abuelos. A nivel personal me ha tocado un punto débil y es que cuando de vez en cuando paseo por algún rastro y veo fotografías antiguas tiradas por el suelo, me entra una especie de congoja al pensar cómo habrán llegado ahí. Es algo que me llama la atención y me apena.

Otra de las cosas que me han causado estupor ha sido una anécdota en la que dice que al desechar los libros quería guardar aquellas frases más importantes recortándolos. Personalmente no soy de esas personas que conservan muchos libros durante años, más bien los voy renovando, con excepciones. Pero lo que nunca haría sería desecharlos como basura o romperlos. Siempre pueden resultar útiles a otras personas, se pueden donar a una biblioteca… Así que coincido con ella en el tema de deshacerse de algunos ejemplares, pero de otras formas.

La idea de guardar pocas cosas es muy buena, de hecho yo sigo la tendencia de desechar. Sin embargo, la premisa de llenar bolsas y bolsas de basura no me gusta tanto, preferiría que la autora hubiese hecho más hincapié en reutilizar o donar, ya que a estas alturas no está el planeta para excesos. Aunque en este sentido, a su favor digo que no solo nos incita a desechar, sino que una vez adoptado el método seremos mas conscientes a la hora de adquirir objetos, quedándonos únicamente con aquello que verdaderamente necesitamos o nos hace felices, y eso está francamente bien, ya que fomenta un consumo responsable.

En general, es un libro muy sencillo de leer que os aportará buenas ideas para la organización del hogar y os permitirá ver vuestro alrededor desde un sentido más espiritual. Eso sí, quedáis advertidos: una vez terminado La Magia del orden os entrarán unas ganas locas de llenar bolsas y bolsas de basura con aquellos objetos que están ahí, pero que no os producen felicidad.