El tema de las tareas escolares es algo peliagudo porque en el se engloban numerosos factores y matices que producen gran diversidad de opiniones y maneras de afrontarlos.

A mi parecer, la cantidad de deberes que ponen en algunos colegios es desmesurada, lo que me lleva a preguntarme si es realmente productivo estar toda la tarde haciendo ejercicios muy parecidos a los que ya han hecho en clase. A los niños, a los que no les cuesta adquirir nuevos conocimientos, se les hacen tediosos y frecuentemente conducen a la desmotivación, y para aquellos que tienen dificultades para asimilar nuevos contenidos o tienen un ritmo de trabajo lento, los deberes repetitivos ocupan mucho tiempo, ¡demasiado! Para ser sumado a una larga jornada en el colegio, que ya les supone un gran esfuerzo, y todo ello sin entrar en el tema de las extraescolares.

Personalmente no soy nada partidaria de que los niños lleven tareas a casa cuando en el colegio han tenido tiempo suficiente para hacer ejercicios. Ahora bien, entiendo que hay profesores que creen que los deberes son imprescindibles.

Así que, sin entrar en el debate de si son o no imprescindibles, y partiendo de la base de que los deberes no dejarán de hacer acto de presencia en nuestras vidas, quiero destacar una serie de elementos relacionados con el tema de los deberes que se deben cambiar o mejorar para racionalizar los deberes:

Optimizar los deberes para convertirlos en algo eficaz para el aprendizaje

¿Por qué no darle la vuelta a lo que se ha trabajado en clase e intentar profundizar en esos conocimientos de una forma más creativa? Por poner un ejemplo: si en un 2º de primaria están trabajando los diferentes tipos de hojas de los árboles, ¿por qué no proponer a los niños que fabriquen un herbario en el que aparezcan diferentes tipos de hojas que han encontrado en el parque?. Y es que, a mi parecer, resulta mucho más práctica y divertida esta actividad que la de pintar una ficha con los diferentes tipos de hojas.

Investigar, curiosear, fomentar las ganas de aprender es lo que se perseguiría con estos tipos de trabajos, y al mismo tiempo para los niños es más ameno, ya que las capacidades para investigar, descubrir y elaborar hipótesis, sean ciertas o erróneas, es una cualidad prácticamente innata de los niños.

racionalización deberes

Reducir la cantidad innecesaria de deberes

Algunos alegarán que el hecho de llevar deberes a casa propicia que se afiancen los contenidos trabajados en clase. Sin embargo, en países como Finlandia, con menos horas de escuela y menos deberes, los niños sacan parámetros más altos en el informe Pisa. Supongo que en este apartado también entra en juego el tema de la atención. Si un adulto trabaja toda su jornada laboral y transcurridas esas horas se lleva trabajo a casa, su rendimiento, su capacidad de atención y concentración, se verán mermadas con el paso de las horas. Las investigaciones dicen que solo son productivas las primeras 6 horas, transcurrido este tiempo el trabajo (o aprendizaje) perderá eficiencia.

Este exceso de tiempo dedicado a las tareas, a un ritmo de horarios excesivo como el que le estamos dando a nuestros niños, conduce a que se eleven los niveles de estrés y cansancio. Esta situación finalmente se torna cíclica y negativa.

3º Mantener una buena relación escuela-familia

No soy partidaria de los deberes en casa, pero tampoco de contradecir delante de los niños la manera de funcionar del colegio. En ese sentido hay que recordar que generalmente somos nosotros, los padres, los que elegimos la enseñanza que queremos para nuestros hijos. Entonces, si el colegio manda deberes, no les puedo decir a mis hijos que ignoren el tema. Esto conducirá en muchas ocasiones a conflictos familiares inevitables entre un progenitor insistente y un menor, cansado, desganado, que probablemente saque su su perfil más persuasivo o reivindicativo para no hacer los deberes o haceros en ultimo momento. Y no es que pretenda defender lo indefendible sino que simplemente considero que reivindicar el derecho a no hacer deberes con el niño por escudo solo sirve para desorientar a los pequeños.

Proponer como deberes actividades que fomenten los intereses particulares de los niños y sus familias

Otro de los factores por los que considero que se deberían racionalizar los deberes es el hecho de que las tareas roban momentos familiares preciosos. A nivel personal nos gusta hacer actividades con los niños que fomenten su aprendizaje, manualidades, lecturas, talleres,… adecuados a sus gustos e intereses individuales. Sin embargo, frecuentemente este tipo de actividades se ven relegadas e incluso quedan en nada a causa de la falta de tiempo que se consume con los deberes.

Desde el colegio sería ideal que propusieran alguna actividad con libertad para escoger y que, de este modo, cada niño la realizara basándose en sus propios intereses.

No debemos convertirnos en la agenda de nuestros hijos

Desde la vertiente de las familias hay otro tema preocupante: los grupos de Whatsapp de mamás y papás de niños de primaria. ¿Es realmente necesario que los padres nos convirtamos en agendas andantes de nuestros hijos? ¿Que seamos un continuo recordatorio para que no olviden nada? ¿Y si se dejan el libro, pidamos a las otras familias que nos pasen una foto?

Sinceramente, un día lo puedo entender, pero que esto se convierta en un día a día, en lo habitual, lo veo extremadamente perjudicial para los niños. Se supone que los niños tienen una agenda para aprender a organizar su trabajo, para trabajar el sentido de la responsabilidad y para que adquieran una autonomía y rutina de trabajo. Si los padres intervenimos en cada punto, ¿estamos realmente ayudando a nuestros hijos? Creo que con esta actitud lo único que conseguimos es criar niños muy dependientes a los que el día que les soltemos lastre lo van a pasar muy mal. Pero desgraciadamente, a día de hoy, esta es una postura muy común.

 

Así que, en mi opinión, racionalizar los deberes sería posible proponiendo menos deberes, de más calidad, con horarios más intensivos de educación, que permitieran extraescolares que se adecuaran a la propia individualidad, motivaciones y gustos.

Cada niño es diferente, tiene unas expectativas distintas. La enseñanza actual está enfocada a uniformar y quien se salga de la media por alto, por bajo…, o por cualquier otro motivo, lo tiene bastante complicado. Si se reduce el horario escolar y se impulsan las extraescolares, sean de conocimientos, deportivas o artísticas, cada niño será más capaz de potenciar sus propias habilidades personales. Aquellas para las que está más dotado o, simplemente, con las que más disfruta.

Y para terminar, me gustaría que en los colegios se tuviera más en cuenta a los niños como individuos, se estimularan la curiosidad y las ganas de aprender con alternativas como las que nos propone Roger Schank de aprender haciendo. Aunque desgraciadamente, hoy en día parece que, y me hago eco de la frase de Sir Ken Robinson, las escuelas matan la creatividad.